Rocinante vs. Caballo Blanco

LA JORNADA

MANUEL MARTÍNEZ MORALES – JUEVES, MARZO 01, 2012

¡Hagan sus apuestas, señores! En el carril número 1, brioso y bien cebado, con ganas de emprender la carrera tenemos a Caballo Blanco, ejemplar de pura sangre y pedigree, patrocinado por la empresa canadiense Goldgroup, a través de Minera Cardel S.A de C.V, favorito de Felipe Calderón –encabezó la marcha en conmemoración del Día de la Lealtad montado en él– y sus aliados. Este poderoso ejemplar es conducido por el jockey Manuel Molina, delegado de la Semarnat en el estado de Veracruz, quien hará todo lo posible por ganar la carrera y no defraudar a sus patrocinadores.

En el carril número 2, alentado por la prole, con dificultad se ha colocado un jamelgo de triste figura: Rocinante, patrocinado por una entidad de incierto origen denominada sociedad civil, en cuyo lomo cabalgará un jockey apodado Don Quijote, quien también hará todo lo posible por ganar la carrera, aún cuando las apuestas no lo favorecen. Los momios –dicen los entendidos– son tres a uno a favor de que Caballo Blanco gane la competencia, más aún cuando se rumora que los patrocinadores de este último equino reparten dinero y favores para que el carril uno esté bien aplanado, en perfectas condiciones, y para que el segundo carril esté sembrado de baches ocultos. También Goldgroup patrocina porristas de elite para que animen a su potro y para que, en el transcurso de la carrera, descalifiquen y desanimen con sus gritos a Don Quijote y Rocinante.

Tal vez los conocedores no estén del todo equivocados, pues Rocinante es “un rocín flaco y endeble, casi siempre lleno de mataduras”, y un rocín es un caballo de mala traza, basto y de poca alzada. Aunque a los partidarios de éste tal vez los anima el saber que, según podemos leer en el famoso libro de Miguel de Cervantes Don Quijote de la Mancha: “cuatro días se le pasaron en imaginar que nombre le pondría… y así después de muchos nombres que formó borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante, nombre a su parecer alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo”.

Así pues, antes de lo que ahora era, piel y huesos, fue rocín que Don Quijote aún seguía viendo como “mejor montura que los famosos Babieca del Cid y Bucéfalo de Alejandro Magno”.

¿Podrá Don Quijote, montado en jamelgo de triste figura, remontar la adversidad y ganar la carrera a Caballo Blanco?

Más allá de toda metáfora, resulta insultante la forma en que desde el gobierno federal se pretende imponer a toda costa la operación del proyecto minero Caballo Blanco, un proyecto criminal pues está por demás documentado –y confirmado por la experiencia– el grave e irreversible daño que la minería a cielo abierto produce en el medio ambiente y el riesgo que implica para la vida humana. Pero este empeño de nuestros gobernantes –siempre serviles al poder del dinero– por avalar el mencionado proyecto es sencillamente una expresión más de la política neoliberal consistente en entregar las riquezas de la nación al capital transnacional, incluso haciendo a un lado las leyes fundamentales de la nación plasmadas en la Constitución Mexicana. En el caso del proyecto minero Caballo Blanco, sin recato alguno se pasa por alto lo que el artículo cuarto de la Carta Magna establece: “Toda persona tiene derecho a un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar”.

Así que además de lo planteado en los foros ciudadanos, la Constitución lo dice con toda claridad: todos tenemos derecho a un medio ambiente adecuado para nuestro desarrollo y bienestar, por lo que cualquier acción deliberada que deteriore el medio ambiente –como el establecimiento de una mina a cielo abierto en un área densamente poblada– es violatoria de la ley.

Y es así que Don Quijote tiene que cabalgar de nuevo, con la lanza de la razón en ristre y sin otro escudo que la Constitución, enfrentándose a los molinos de viento que los poderosos van sembrando en su camino para distraerlo en tanto que, a la callada, Caballo Blanco avanza. Para lo cual se reparte un dinerito por aquí (para apoyar a tu municipio, mi presi precioso) y otro por allá (para tu campaña, papá).

No hay nada metafórico en la imagen de Felipe Calderón encabezando la marcha conmemorativa del Día de la Lealtad montando un caballo blanco –caballero de triste figura– pues, para mantenerse en el poder, no le queda otro recurso más que seguir intentando legitimarse apoyado en las fuerzas armadas y el gran capital transnacional (el orden de los factores no altera el producto).

Así, en el caso del proyecto minero Caballo Blanco si bien el gobierno del estado, en una magistral finta, ha expresado públicamente su rechazo a dicho proyecto, las autoridades federales –en quienes reside la atribución legal de permitir o no la apertura de la mina– se muestran socarronas ante el empuje de la empresa minera Goldgroup sin ser capaces de hacer valer la ley, como es su obligación hacerlo, sino por el contrario se aprestan a dar su visto bueno a la minera.

Ni tardos ni perezosos, quienes hace unos días avalaban el proyecto ahora se suman al lavado de manos del gobernador y sin rubor alguno cambian de camiseta.

Pero, para desfacer entuertos, nadie como Don Quijote, o sea la sociedad civil organizada que, aún montando “un rocín flaco y endeble”, puede ganar la carrera a Caballo Blanco con el aplauso del pueblo.

¡Hagan sus apuestas, señores! Voy todo a Rocinante…

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